miércoles, 1 de marzo de 2017

Queremos una Cuba cubana y no anglosajona (I)


Si observamos la producción intelectual y propagandística que en el mundo circula con respecto a Cuba, se pueden encontrar materiales que han intentado virar nuestra historia al revés

28 de febrero de 2017 22:02:54

Estamos en uno de los momentos más trascendentes de nuestra historia; estamos en un momento de extremadas dificultades y de extremada complejidad.

Si observamos la producción intelectual y propagandística que en el mundo circula con respecto a Cuba, se pueden encontrar materiales que han intentado virar nuestra historia al revés; han dicho y dicen cosas que realmente no son como las plantean. Pero la técnica utilizada es extraordinariamente buena, y por tanto es convincente. Sin ningún escrúpulo se puede convertir una gran mentira en una gran verdad.

Algunas personas llegan y preguntan, pero otros afirman a partir de lo que vieron o escucharon y hay que explicarles:

«Mire, eso no fue así», «Ah, no, pero yo lo vi en un documental». Ahora hay una serie sobre Cuba muy divulgada internacionalmente, creo que con unos diez capítulos, donde se presenta la historia de Cuba al revés. Hemos visto intentos de justificar que la Revolución no fue un acto de voluntad popular, con hechos que han sido borrados y sobre los cuales se afirman cosas que son la mitad de la verdad, porque no siempre cuando se ataca en el campo del pensamiento, de la historia, se está operando con mentiras absolutas. Están operando también con medias verdades o interpretaciones incompletas de las mismas, y esto es todavía más perverso, porque el modo de presentarlo tiende a dar una cierta credibilidad. Por tanto, la guerra que se nos hace está ubicada ya en su primer frente y pretende ablandar el territorio que se desea conquistar.

Hay una lucha en el plano generacional. Se está jugando con la no memoria de una generación. Si ustedes observan, hay distintos discursos a distintos tipos de públicos, algunos que no tienen ni siquiera una elaboración intelectual; un discurso primitivo para un público primitivo, pero también está el discurso académico, más complejo.

También están jugando con dos o tres factores que son clave en este terreno; el primero, la memoria. Hay una generación que no vivió una determinada etapa de la Revolución, que entra en activo a partir precisamente del derrumbe del Muro de Berlín, del desmerengamiento de la Unión Soviética. Para esos jóvenes, cuando se les habla de la Revolución, es como si se tratara de una historia antigua que no la han vivido. Hay un vacío que no se llena con facilidad; hay que trabajar en profundidad para llenar ese vacío en cierta medida existencial.

Si a mí me preguntaran cuál es la etapa de la Historia de Cuba más desconocida diría que es la de la Revolución. Tenemos una gran concentración de libros sobre el siglo XIX y sobre sus grandes figuras y una buena producción intelectual sobre la primera mitad del siglo XX. Pero si pasamos a la segunda mitad del siglo XX, no es así. Y esto es clave para entender todo lo que viene detrás, la propia Revolución, cómo se forma la generación que hace la Revolución, en qué contexto surge la generación de Fidel, de Raúl, de los hombres del Moncada.

Le decía a un grupo de estudiantes: «Miren, la primera generación que tuvo en sus manos la producción intelectual cubana anterior al siglo xx es la generación de Fidel». La obra de Félix Varela fue publicada por primera vez, completa, en los años 40 del siglo pasado. Los hombres de los años 20 no conocían prácticamente el fondo del pensamiento de Varela.

El origen del pensamiento filosófico cubano —que es más que eso, es el origen del pensamiento de liberación cubano— está en una obra de José Agustín Caballero, de finales del siglo xviii, que fue traducida del latín y hubo que rectificar el nombre para restituir el que originalmente le dio Caballero. Él tituló ese libro Filosofía electiva, sin embargo le habían cambiado el nombre por el de Filosofía ecléctica. ¿Pero qué importancia tenía la Filosofía electiva? Después Luz y Caballero lo va a decir de una forma muy directa: todas los sistemas y ningún sistema, he ahí el sistema; todos los pensamientos y ninguno en particular, he ahí el pensamiento. Es decir, Cuba tenía que pensarse a sí misma desde la cultura universal; lo otro es lo que Martí dice: con «cultura de aldea» no se pueden librar batallas universales.

Se trata de crear un pensamiento propio que se base en esta acumulación cultural, de conocimiento universal, para que de ella se derive un pensamiento particular integrado al pensamiento universal.

Las Obras completas de Martí, las ediciones más importantes se hacen en los años 40 y principios de los 50. En esos años 40 se editan los principales libros y memorias de las guerras de independencia: las Crónicas de la guerra de José Miró Argenter; se edita el libro de Fernando Figueredo, el de Enrique Collazo. Por tanto, estos hombres que se forman en los 40 y 50 tienen también por primera vez, la literatura mambisa en las manos. Es absolutamente trascendente, porque antes de esa época apenas si se conocía tanto esta literatura de campaña como la literatura teórica cubana.

Hay otro elemento fundamental en ese periodo: lo que significó la evolución del sistema constitucional cubano. Es interesante y hay que estudiar las constituciones cubanas para darse cuenta de qué nivel de desarrollo tenía el pensamiento revolucionario y cómo se codificó en las constituciones, y cuáles son las diferencias con otras constituciones. La Constitución de 1940 constituye la cima de ese proceso por lo que fue referente para el movimiento revolucionario.

Por ejemplo, si algo está desde el origen en las constituciones cubanas es la consolidación de la sociedad laica; el primer proyecto de Constitución en Cuba, el de Joaquín de Infante, de 1811, ya crea la sociedad laica, la separación de la Iglesia y el Estado, la enseñanza pública, gratuita y laica, la libertad de conciencia. Esos son principios que no están ni siquiera en la Constitución española. Esas constituciones establecen una serie de libertades y derechos, pero es la Constitución de Guáimaro, nuestra primera Constitución, la que une lo legal, lo ético, lo político y lo social, y esto se refleja también en los símbolos nacionales.

¿Cuál es la simbología que contiene la bandera cubana?, ¿por qué muchos países han tenido más de una bandera y nosotros no? Para Fidel fue esencial esa bandera. Recuerdo el momento en que se sugirieron ciertos cambios a la bandera, y él dijo que no, y cambios que podían ser bien vistos.

La bandera nacional ha sido una desde el siglo XIX hasta nuestros días, ¿por qué?, porque ella es un símbolo de unidad. Es una bandera que no surge como resultado de una tradición religiosa, sino como expresión del estado libre, laico, y de libertad de conciencia. De la bandera no basta decir que la amamos porque es nuestra; porque es la mía, como dijo Byrne. Hay que comprender qué simboliza; qué simboliza el triángulo equilátero, que tiene sus tres lados y sus tres ángulos iguales. Ese triángulo equilátero significa libertad, igualdad y fraternidad, simbología laica. ¿De dónde sale?, de la Revolución Francesa; significa también los poderes del Estado: poder judicial, poder legislativo y poder ejecutivo. ¿Por qué la estrella solitaria?, porque la estrella es el único astro que brilla con luz propia, no es satélite ni planeta de nadie, ella tiene la energía y la capacidad de sostenerse por sí misma; y después los colores republicanos, el azul, blanco y rojo, tomados primeros de la Revolución Holandesa, después de la Revolución Francesa, y por último, ya en el siglo XIX, expresión del tricolor del republicanismo. Estas cosas hay que explicarlas.
Como hay que explicar que el Himno Nacional es una marcha de guerra como la Marsellesa, no es un canto a Dios como el himno inglés, «Dios salve al Rey», este es un himno que ni menciona a Dios ni menciona al rey. La libertad implica que usted escoge su dios o no lo escoge, y al mismo tiempo es republicano. El Himno Nacional es como la Marsellesa, un himno de combate.

YO QUIERO A UNA CUBA CUBANA

¿Por qué la Revolución Cubana ha sido una Revolución con sus propias características y capaz de hacerse por los cubanos, sostenerse por los cubanos, y aun cuando desapareció el campo socialista, mantenerse como Revolución propia?

La tradición de pensamiento en todos los niveles tiene hoy una razón para ello; a diferencia de otros países, Cuba ha estado colocada en todos los límites posibles en lo que se refiere a su propia existencia, y repito las palabras de José Antonio Saco: «desearía que Cuba no solo fuese rica, ilustrada, moral y poderosa, sino que fuese Cuba cubana y no anglosajona». Es decir, cuando estamos hablando de Cuba no estamos hablando de un pedazo de tierra, de un territorio, estamos hablando de una cultura, de personas que tienen un modo de ser y hacer, y que tienen una unidad en esa cultura, por eso esta relación que establece Saco cuando dice: «Yo quiero una Cuba cubana», y lo está diciendo en 1838, en la discusión con los anexionistas. ¿Y hay alguna diferencia entre los anexionistas de tiempos de Saco y los de ahora? Quitemos las tecnologías, quitemos todo lo que significa la diferencia de época.

La polémica de Saco es con El Lugareño. ¿Qué le dice El Lugareño a Saco? ¿Con quién estaba discutiendo?, hay que poner las dos partes, si no, no se entiende realmente una posición. Y El Lugareño le decía a Saco, voy a citar algo arbitrario, El Lugareño le decía: «Cuba anexada son quinientos mil yanquis, diablos y demonios, pero diablos y demonios blancos, con capital, que va agregando, no los quinientos mil malayos, africanos, etcétera, que es lo que podemos esperar que España introduzca en Cuba». Cuando El Lugareño le plantea esto, Saco con una humildad tremenda le dice una cosa muy sencilla: «Lo lamento, pero a mí me queda un pequeño reparo, la pérdida de nuestra nacionalidad». El pequeño reparo era bastante grande, ¿no?, la pérdida de nuestra nacionalidad. Y dice en el 1838: «No inclinaré jamás mi frente ante las rutilantes estrellas del pabellón americano, porque si he podido vivir extranjero en el extranjero no podría vivir extranjero en mi propia patria».

Estamos hablando de una polémica de 1838, casi más de siglo y medio. El Lugareño ya estaba hablando de capital. Hoy son otras cosas, pero esa es la esencia del problema, podemos moverlo hacia acá, hacia allá, podemos verlo en sus circunstancias, pero la esencia está ahí, y esa historia contra el anexionismo no comenzó en Cuba hace medio siglo.

*Versión de la intervención del Dr. Eduardo Torres-Cuevas, director de la Biblioteca Nacional José Martí en el VII Pleno ampliado de la Unión de Periodistas de Cuba, bajo el título «Cuba y la ética de todos los tiempos».

Las voces silenciosas



27 febrero 2017

De nada sirve una voz de alerta cuando no hay quién la escuche.

No sé cuál síndrome podría calzar, pero a mi mente vienen algunos cuyas características incluyen gran tolerancia al dolor, una constante tendencia al ensimismamiento, disminución de la atención, de la memoria y otras funciones indispensables para el desempeño normal de una persona o de un grupo social. He buscado todas las posibles razones para tanto silencio colectivo y me propuse interrogar a personas cercanas para recibir alguna luz capaz de explicarme el porqué de su apatía. Durante este ejercicio, una y otra vez he recibido similares respuestas: “no leo periódicos”, “cancelé mi suscripción”, “ya no te sigo en Facebook porque a diario publicas asesinatos y esas cosas”, “no veo televisión local, me deprime”, “no creo en la política”, “esto nunca va a cambiar”, “no necesito enterarme” y así por el estilo.

Hasta que ¡por fin! veo abrirse una fisura por la cual se desliza el concepto preciso: “la alienación de tipo social se encuentra estrechamente vinculada a la manipulación social, la manipulación política, la opresión y la anulación cultural. En este caso, el individuo o la comunidad, transforman a punto tal su conciencia de manera de convertirla en contradictoria con lo que se espera normalmente de ellos.” Así descrito, me parece reconocer de inmediato el síndrome que explica el silencio y el encierro voluntario, la resignación ante lo aparentemente inevitable y, sobre todo, la respuesta ante el miedo y la amenaza, protagonistas de nuestro entorno.

¿Por qué perdemos la memoria? ¿Qué motiva nuestro afán de olvidar un pasado cuyos elementos permanecen vivos y golpean con fuerza demoledora a las causas sociales, a la justicia y a las oportunidades de desarrollo de una nación? Me parece posible identificar allí el punto neurálgico, ese centro del dolor al que deseamos aislar para no sufrir, ese pequeño aleph protegido con uñas y dientes para no volver a experimentar la dura sensación de fracaso. Entonces, cual mecanismo psicológico natural, dadas las circunstancias, nos volcamos hacia las neblinas mediáticas del entretenimiento, del chisme y la fanfarria política para por lo menos creer en nuestra voluntad de participar. Sin embargo la mentira no dura indefinidamente y, poco a poco, volvemos a la concha sólida de la cotidianidad mientras las amenazas del pasado toman cuerpo. 

Este síndrome devastador para la integridad de una sociedad se presenta en relación directa con su capacidad de negación; las actividades rutinarias pueden durante un tiempo enterrar sus miedos más profundos, pero solo hasta que las amenazas comiencen a hacerse realidad con una fuerza potenciada por el silencio. De fenómenos colectivos caracterizados por el “no querer saber” hemos visto a lo largo de la Historia el surgimiento de sistemas oscurantistas capaces de anular la voluntad de las grandes comunidades humanas, convirtiéndolas en cómplices de su propia desgracia, de la destrucción de sus logros más queridos y de todas sus libertades.

Para semejante mal, la cura es el examen de conciencia. Uno capaz de sacar de los armarios los cadáveres ocultos, iluminar los rincones y sacudirle el polvo a leyes y normas cuyo imperio se debe restablecer. La discusión, el debate y el reconocimiento de problemas comunes es un ejercicio valioso por ser la única vía para encontrar soluciones de beneficio colectivo. Desde ese punto de convergencia resulta posible combatir el ostracismo individual y transformar la dinámica social en un factor efectivo de cambio. De lo contrario se comete una especie de pecado de abstención, cada día más caro y destructivo.

Tomado de Telesurtv.

viernes, 24 de febrero de 2017

Centro de Veteranos de la Independencia de Santa Clara.

La Asociación de Veteranos de la Independencia de Santa Clara se comenzó a organizar desde los primeros años del siglo XX; pero no fue hasta el año 1904 que las gestiones del Teniente Coronel Bonifacio Sterling Batista se convirtieron en realidad al quedar constituida la misma en Santa Clara. En su reglamento se expresa que tendría como principal objetivo la defensa y mantenimiento de la república y la conservación de la paz; así como el apoyo a todo gobierno legalmente elegido por sufragio, como lo estatuye la Constitución.

Sin embargo, no fue hasta el año 1911 que el  Teniente Coronel y otros oficiales mambises lograron interesar al Coronel Nicolás Alberdi, Secretario de Gobernación del Gabinete del General José Miguel Gómez y al General José Luis Robau, Gobernador de la Provincia de Santa Clara; para que realizaran gestiones con vistas a conseguir la adquisición de una casa; fue adquirida por compra la situada en la calle Cuba número 115, según escritura número 672 del 15 de septiembre de 1911, ante el notario público Antonio de la Torre y Aday.

Posteriormente, al efectuarse una nueva numeración a las calles de la ciudad, al edificio se le asignó el número 364 que actualmente ostenta.

A pesar de lo expuesto, no hemos encontrado evidencias documentales de su funcionamiento interno hasta el año 1916 fecha en que aparece la inscripción al número 487, folio 181, tomo 1, del Registro de Asociaciones del Gobierno de la Provincia de Santa Clara. En este mismo expediente, con fecha 18 de septiembre de 1935, se haya la resolución en la que se ordena la baja del libro Registro de Asociaciones por no ejercer sus funciones, motivado en lo esencial por la precariedad del local, pues se encontraba en malas condiciones.

Entre 1931-1933, tras gestiones de los veteranos, el local estuvo sometido a reparaciones, en esa ocasión el Gobierno Provincial aportó la suma de $ 4 000,00 y el Ayuntamiento Municipal     $ 2 000,00. Para el mobiliario, Gerardo Machado destino  $ 1 000,00 en el año 1937.

En sus estatutos (1914) se expresaba que:

Artículo 2. Son fines de la Asociación:

·   Cooperar en la defensa de la nación, incondicionalmente, y laborar por el desarrollo, en el pueblo cubano, del amor a la patria y a sus libres instituciones.

·       Velar por el sostenimiento de la paz en el territorio de la República.

  Fomentar y sostener la confraternidad y auxilio mutuo entre los asociados, y atender, especialmente a la protección de las viudas y huérfanos de los veteranos que la necesiten.

Desde sus inicios la Asociación estuvo encaminada a conmemorar importantes fechas históricas con sus miembros, entre ellos el 24 de febrero, ocasión en que se reinicia la lucha independentista en 1895, 19 de mayo, caída de José Martí en Dos Ríos, 20 de mayo, establecimiento de la República en 1902 y 10 de octubre, inicio del proceso independentista cubano en 1868, fecha en la que se conmemoraba además el Día del Veterano.

Estaba dentro de sus prioridades-así lo establecen sus estatutos y reglamentos-la atención a los veteranos de la guerra, tanto en el orden material como espiritual. En tal sentido la Asociación contaba con una sala en el Hospital “San Juan de Dios” para esos fines.

Logró levantar en el cementerio de la ciudad un panteón para los veteranos, donde no faltaron los aportes de figuras importantes de la época, como Federico Laredo Brú, Presidente de la República y el patriota santaclareño Francisco López Leyva entre otros, así como del Gobierno Provincial y el Ayuntamiento de Santa Clara. Obra que fue concluida e inaugurada el 20 de mayo de 1937.


El 21 de febrero de 1939 fue inscripta en el Gobierno Provincial la Asociación denominada “Centro de Veteranos de la Independencia de Santa Clara” con el número 357, folio 89, tomo 1 donde se presenta un nuevo Reglamento, para entonces el local ofrecía otra perspectiva para sus asociados después de la reconstrucción que durante varios años se había realizado, motivo por el cual había sido aprobado por el Registro de Asociaciones, anhelo al fin alcanzado por los veteranos que aún quedaban con vida, lo que se correspondía con las aspiraciones del Gobierno Provincial y el Ayuntamiento de Santa Clara.

El centro fue visitado por varios militares de alta graduación; el 1ro de diciembre de 1943; recibió al presidente de la República, General Fulgencio Batista Zaldivar, entonces era el centro de atención de la veteranía de la Provincia de Las Villas, de ahí su visita, aunque el “flamante general”, nada tenía de afiliación con el mambisado, era un toque de politiquería en su visita a Santa Clara.

En la década de 1950 la actividad de la asociación fue haciéndose muy limitada debido a la enfermedad y muerte por vejez de sus miembros. La propia dinámica política de esa década no era sensible a la realización de actividades de contenido patriótico, pues se consideraba como aliento a las tendencias revolucionarias y de oposición a Fulgencio Batista, sobre todo después del golpe de estado de 1953.

El 1ro de enero de 1959, la Directiva  del Centro había pasado a manos de algunos de  los familiares, hijos, nietos y viudas de veteranos. Según la prensa de la época, los miembros de la Asociación acogieron con júbilo el triunfo revolucionario.

En el Reglamento para el Centro de Veteranos de la Independencia de Cuba de Santa Clara, en sus Disposiciones Generales se expresaba:

“Cuando por circunstancias imprevistas fuere preciso cerrar el Centro, ya por ser imposible su sostenimiento ó por extinción de los veteranos, mediante los requisitos del caso pasarán las propiedades muebles é inmuebles y documentos, a la Asociación de Hijos y Nietos de Veteranos, cuando esta esté constituida ó se constituya y tenga normal funcionamiento con arreglo a las leyes en la materia para el usufructo, no pudiendo prestar ni enajenar propiedades y documentos, como tampoco puede hacerlo este Centro, y se obligará a conservarlas para hacer perdurable la memoria de los libertadores; de no constituirse esa Asociación, ó constituida de cerrarse, todas las propiedades enumeradas pasarán al Estado Cubano, a condición de que las destine exclusivamente a Museo de carácter nacional o una escuela pública de primera enseñanza cuyo profesor o profesores, que será hijos, nietos y descendientes de veteranos, tendrán la obligación de dar una vez cada semana lectiva, una conferencia a los alumnos sobre Historia de las guerras de Cuba”.
Este Reglamento fue aprobado el  dos de junio de 1937, por Evangelista Yanes, entonces Presidente de la Asociación y Salomé López en carácter  de Secretario. Con ello quedaba anulado el anterior Reglamento de 22 de abril de 1927, donde aparece además sancionado por Gabino Galvez, Gobernador de la Provincia de Santa Clara. Reglamento que se mantuvo vigente hasta después de producido el triunfo revolucionario el primero de enero de 1959.

El 28 de septiembre de 1969 se reúne la directiva de la Junta Directiva del Centro de Veteranos de Santa Clara para efectuar su reuniones-para entonces ya compuesta por hijos y nietos de veteranos-para efectuar su reunión ordinaria, a ella asistieron Marcelino Álvarez, Miguel Arteaga, Jesús Torres, María del Carmen Rojas, Manuel Álvarez, Orlando perna, Rigoberto Fernández, Agustín Machado, Florentina Cárdenas, Adriano Juvier, y Miguel Roqueta. En esa reunión se hizo alusión a la visita que fuera realizada al Centro de Veteranos por Vilches y Estralgo, en representación de la Academía de Ciencias de Cuba y el Consejo Nacional de Cultura, asistiendo otros representantes de organismos, cuyo fin era que la Asociación hiciera sesión de “una parte del edificio”, para ser dedicado a …”museo de carácter histórico y educacional”.

Se acordó citar a la Directiva, efectuándose entonces una reunión informal donde se abordó la solicitud de sesión de parte del Centro de Veteranos de Santa Clara. En nombre de la Directiva, Marcelo Álvarez-presidente- expresó la “imposibilidad de ceder parte del local”, que la Asociación estaba legalmente constituida, no obstante dijo que de “existir orden legal de entrega pues sería entregado el edificio”, exigiendo para su cumplimiento una orden del Departamento, refiriéndose al Registro de Asociaciones; que “aceptaríamos siempre que hubiera carácter legal y se cumplieran los trámites reglamentarios, “disuelvan la sociedad primero y luego ocupen el edificio estatalmente, no hay otra solución”, dijo.

Con posterioridad la Junta Directiva vuelve a reunirse el 28 de diciembre de 1969, en ella se acordó convocar a nuevas elecciones para el año 1971. Todo indica, pues no existen más actas de la Junta Directiva del Centro de Veteranos, que este fue el último acto legal, quedando entonces el local adscripto a la Academia de Ciencias de Cuba, donde además tuvo espacio en el edificio el Archivo Histórico Provincial.

Documentos consultados:

Actas de la Junta Directiva del Centro de Veteranos de la Independencia de Santa Clara. Colección de documentos del Centro de Veteranos de la Independencia, 1949-1969. Archivo Histórico Provincial. Santa Clara. Villa Clara.

Reglamento para el Centro de Veteranos de la Independencia de Santa Clara. Colección de documentos del Centro de Veteranos de la Independencia, 1937. Archivo Histórico Provincial. Santa Clara. Villa Clara.

Periódico “Villareño”, año 1959. Archivo Histórico Provincial. Santa Clara. Villa Clara.

Estatutos de la Asociación de Veteranos de la Independencia de Cuba. Agosto de 1914. Colección de documentos del Centro de Veteranos de la independencia. Archivo Provincial. Santa Clara. Villa Clara.

domingo, 19 de febrero de 2017

La “intencionalidad” liberal de 1906

Colapsada la independencia cubana en 1898 con la intervención norteamericana en Cuba; despojados los cubanos de toda legitimidad de independencia real, sin órganos verdaderamente representativos de defensa de las aspiraciones martianas de república, “con todos y para el bien de todos”, devinieron aproximadamente cuatro años de angustias, cabildeos e imposiciones donde lo mejor del pensamiento liberador quedó frustrado al instaurarse la “república” el 20 de mayo de 1902.

Cogido el toro por los cuernos en las riendas de la política de principios de siglo, llega a la presidencia Tomás Estrada Palma, representando el Partido Moderado; martiano en apariencia, anexionista de convicción, era la figura más ajustable y moldeable a los intereses de los Estados Unidos; ello quedaría inmediatamente demostrado unos meses después de tomar la silla presidencial. Su afiliación a los intereses norteamericano darían como resultado la mutilación de la economía cubana hacia el gran capital, en política otro tanto sucedería.

Vendido, anti-nacionalista, corrupto, avasallador, son tan solo algunos de los calificativos de aquel gobierno que en la historiografía cubana se le ha dado, que al intentar reelegirse en las elecciones de 1905, fue el detonante de todo un movimiento interno dentro de Cuba contra la reelección. Las frustraciones fueron encauzadas por la oposición liberal hacia el levantamiento armado contra la reelección; más la tozudez de Estrada Palma, imposibilitado de poder alcanzar un nuevo mandato, fueron el detonante encauzado para propiciar la segunda intervención, prefería entregar la república a que esta fuera liderada por viejos líderes del mambisado  cercanos al pensamiento martiano.

En mayo de 1906 quedó constituido el llamado Comité Revolucionario, integrado por facciones del Partido Liberal opuestas a la reelección de Estrada Palma. Componían el Comité los generales José Miguel Gómez, José de J. Monteagudo, Demetrio Castillo Duany y Carlos García Vélez, y también Juan Gualberto Gómez, Pelayo García, Alfredo Zayas y Manuel Lazo.
El primer plan de los complotados contra la reelección estradista fue tomar el poder por medio de un golpe de Estado, procurando ocupar las posiciones principales del gobierno y evitando la intervención extranjera, que era entonces el plan diseñado por Palma para evitar la toma del poder de la oposición.

Los alzados llegaron a insurreccionar comarcas enteras; sobre todo, en Pinar del Río, La Habana y Las Villas. Al levantamiento se sumarían importantes figuras del extinto Ejército Libertador entre ellos los generales Enrique Loynaz del Castillo, caudillo político del Partido Liberal Nacional, y Quintín Bandera, quien perecería en el enfrentamiento.

En Oriente, integraban la sublevación liberal veteranos de la independencia encabezados por los generales Bartolomé Masó y Agustín Cebreco, junto con el general Mario García Menocal.
Según consta en el acta notarial de 30 de agosto de 1906 del notario público José A. Badía de Sagua la Grande, perteneciente al Colegio de Abogados de Santa Clara, se había presentado Norman Bonnington Dikson,  Administrador General y apoderado de la Compañía “The Cuban Central  Railways Limted”, cuya casa matriz radicaba en Londres, Inglaterra.

Norman al comparecer como representante en Cuba de los intereses ingleses, dejó testimonio de las consecuencias del levantamiento ocurrido y de las afectaciones que sobre el patrimonio de la compañía había dejado en la Provincia de Santa Clara,

…“corte de los hilos telegráficos diversas veces entre las estaciones de Lajas, Palmaria, Congojas, Santo Domingo y Rodrigo, destrucción de varios postes, destrucción de los aparatos telefónicos de Palmira y San Marcos, destrucción de los aparatos telefónicos desde Palmira a Congojas, así como el de Rodas”.

Denunciaba además robos ocurridos de mercancías en Palmira y Arriete, las demoras que había ocurrido en los itinerarios de los trenes, roturas producidas a estos, sobre todo de ventanillas.
Estos hechos que tienen lugar hacia el sur de la Provincia de Santa Clara, actualmente en la Provincia de Cienfuegos ponen sobre en el tapete ciertas característica del movimiento insurreccional liberal contra Estrada Palma. Los nutrientes del movimiento hacia esta zona no tienen una marcada intención política, menos  reformar la situación, es más un ingrediente de fechoría alejado de principios de restauración y encauzamiento de la “república” por nuevos cauces.

La acción militar más importante tiene lugar con el combate de Wajay (14 de septiembre de 1906), en las cercanías de La Habana, en la cual las fuerzas del general Alejandro Rodríguez, jefe de la Guardia Rural, fueron derrotadas por las partidas combinadas del general Enrique Loynaz del Castillo, Dionisio Arencibia, Baldomero Acosta y otros caudillos; sería en definitiva el detonante de la renuncia de Estrada Palma, dando paso a la intervención ante las incertidumbres norteamericanas con relación al movimiento.


Nota:
Badía, José A. Notario Público. Sagua La Grande. Fondo Protocolos Notariales. Archivo Histórico Provincial. Santa Clara. Villa Clara.

sábado, 28 de enero de 2017

Una propuesta metodológica para abordar los estudios históricos en el siglo XVIII cubano.

 
El siglo XVIII constituye el antecedente inmediato de los profundos cambios que tuvieron lugar en el siglo XIX que llevaron a la formulación y surgimiento del primer proyecto de Estado-Nación. Su aparición por primera vez en el escenario colonial cubano transita por un largo proceso de formación cuyos referentes se manifiestan con notoria claridad en la segunda mitad de este siglo.
El ascenso de una élite criolla, que puja por alcanzar las riendas del poder político tiene múltiples manifestaciones en la isla de Cuba, su aspiración  viene determinada por la fructífera y renovadora posición económica, cuya peculiaridad fundamental está dada por estar concentrada en el occidente de la isla.
Los escenarios para ese siglo, nos obligan a exponer determinadas líneas de trabajo  científico (para las investigaciones) y metodológico que hagan posible penetrar en los aún  inexplorados procesos de la formación nacional.
Escenario Político
·       Su importancia no solo viene determinada  por  detentar el poder central en la isla;  su posición geográfica posibilita las relaciones de la metrópoli con el resto de las colonias españolas de América,
Escenario económico
·       El siglo XVIII plantea desde el punto de vista económico en la Isla de Cuba un escenario que tiene que ver con las relaciones comerciales que tienen lugar en el mundo para esa época, lo que determina a su vez la sujeción de las regiones (jurisdicciones) menos favorecidas a los principales centros comerciales, que en este caso es ocupada por La Habana.
·       El impulso azucarero dado en Cuba en esa centuria es esencialmente hacia la zona occidental de la isla.
·       La Hacienda Comunera constituye el principal patrón de economía hacia la zona centro oriental. El trapiche es tan solo un apéndice subsidiario del hacendado ganadero.
Estudios históricos
La proliferación de estudios para este siglo han estado enmarcados fundamentalmente en los acontecimientos relacionados con la toma de La Habana por los ingleses;  y en la prolífera década del 90 de de ese siglo.
La historiografía ha realizado un particular énfasis  en los primeros destellos de sentimientos  identitarios (denominados como defensa de la patria chica) a partir del hecho distintivo de la toma de La Habana por los ingleses).
Más allá de cualquier criterio que pueda sostenerse, La Habana capitalizó el centro de atención de las investigaciones y estudios históricos por constituir el eje central de los grandes acontecimientos: económicos, políticos y sociales.
Tratamiento metodológico
Al abordar los estudios e investigaciones  para el siglo XVIII se precisa de abordar el desigual desarrollo de de la región occidental con relación a la centro-oriental; a su vez las propias diferencias en  entre el centro y el oriente.
Delimitar las diferencias internas en las  regiones; ello presupone el estudio de cada una de las jurisdicciones allí donde sea posible su realización.
Todo lo anterior conduce a la realización de historias comparadas entre jurisdicciones y regiones, como alternativa científica para determinar los antecedentes del proceso de formación nacional  en el siglo XVIII.
Lo anterior se justifica porque para poder definir y explicar  los orígenes y desarrollo de las regiones, se precisa investigar el conjunto de territorios de un espacio y la territorialidad alcanzada, pasando invariablemente por la jurisdicción como espacio físico habitable. De este modo, la referencia a la historia regional sugiere tomar una unidad social relativamente limitada, para reconocer en ella el juego múltiple de relaciones, de intereses, que la articulan con otras historias y  simultáneamente le otorgan su propio sello de identidad.
Aún  con las limitaciones documentales actuales, su realización es posible en una parte importante de los diferentes componentes jurisdiccionales  que se materializaron durante ese siglo, entre ellos, Santa Clara, Trinidad, La Habana, Las Tunas, y Holguín fundamentalmente, pues en sus archivos existen valiosos documentos como para poder enfrentar la actividad.
De todo ello se desprende que de acuerdo a la factibilidad documental actual sea necesario:
·       El estudio de la política de los cabildos en sus predios jurisdiccionales.
·       Política de los cabildos ante  la política oficial del poder central en la isla y la trazada por la metrópoli española.
·       Tipo de economía: plantación vs hacienda.
·       El mercado interno jurisdiccional y sus inter relaciones extra jurisdiccionales.
·       El espacio físico (geográfico).
Además de los métodos tradicionales utilizados en las investigaciones históricas, es necesaria  la inclusión de la prosopografía para establecer las relaciones externas entre las élites  que fueron  nucleándose alrededor de los cabildos en el siglo XVIII, lo cual brinda la posibilidad de poder determinar los puntos coincidentes y divergentes en el proceso de construcción nacional en el orden económico, político y social.
Para acometer los estudios e investigaciones es necesario tener el caudal de fondo y documentos específicos con que se cuenta en la actualidad en los Archivos Históricos, entre ellos: Actas Capitulares, Anotadurías de Hipotecas, y Protocolos Notariales, esenciales estos para cualquier intento serio de investigación, pues constituyen auténticos fondos originales manuscritos para poder explicar el desenvolviendo de las jurisdicciones durante ese siglo.


domingo, 8 de enero de 2017

Fidel Castro: lecciones para la historia.

No siempre se tiene la posibilidad de atemperar los hechos que ocurren, solo el paso del tiempo nos da la posibilidad de poder medir su dimensión, así múltiples hechos pasan ante la dinámica vida que al ser retomados ante el ojo crítico presente nos revela las dimensiones que antes era reconocida pero no profundizada en toda su extensión. Comprender las lecciones, no es solo un acto para el aprendizaje, es ante todo-si es bien comprendida-poner en práctica lo asimilado en función de objetivos y metas superiores para poder modelar un futuro mejor.

Comprender el papel que juega la historia, es tener claro que no es la simple acumulación, es ante todo un patrimonio heredado, que encierra enseñanzas, que puestas ante el derrotero del futuro brinda caminos para la consecutividad. 

El discurso de Fidel el 10 de octubre de 1968 en La Demajagua vino a encauzar viejas tendencias, estilos, y enseñanzas por nuevos análisis, para llegar a una cabal comprensión de la historia, que trascurrido ese demoledor tiempo, no solo es un caudal metodológico para Cuba, sino para la historia universal. Entonces se habían cumplido cien años del inicio de las gestas independentistas cubanas; dejó sentado como raíz en árbol que “…en Cuba solo ha habido una revolución; la que comenzó Carlos Manuel de Céspedes el 10 de Octubre de 1868”; continuidad, suma, engarce, conexiones, y vínculos en un todo a través del tiempo.

Tras una enseñanza de la historia mediatizada, al igual que la república que se engendró en 1902, donde solo medía los mártires y pedestales a medias, ocultando las lecciones transformadoras de sus grandes héroes; vino  a confirmar lo que entonces Fidel calificó como “verdad axiomática”: “…si para luchar esperamos primero reunir las condiciones ideales, disponer de todas las armas, asegurar un abastecimiento, entonces la lucha no habría comenzado nunca”; esta aseveración, que como acontecimiento ocurrió al levantarse Céspedes, no entrañaba solo un hecho fortuito en la historia de Cuba, es una lección para el movimiento revolucionario latinoamericano y universal.

Comprender entonces la llegada  del 1 de enero de 1959 y su posterior evolución, es entender la historia como proceso por que “nada nos enseñará mejor a comprender lo que es una revolución, nada nos enseñará mejor a comprender el proceso que constituye una revolución, nada nos enseñará mejor a entender qué quiere decir revolución, que el análisis de la historia de nuestro país, que el estudio de la historia de nuestro pueblo y de las raíces revolucionarias de nuestro pueblo.”

La historia, a la vez no es azar, es un múltiple juego de contradicciones que se complejiza en el tiempo, para él estaba claro que en el caso de la Historia de Cuba ese proceso había tenido lugar, “En aquellos primeros momentos del inicio de la lucha revolucionaria en Cuba, empezaron a cumplirse indefectiblemente las leyes de todo proceso revolucionario, empezaron a producirse las contradicciones, y comenzó el proceso de profundización y radicalización de las ideas revolucionarias que ha llegado hasta nuestros días.”

Nacionalidad y nación está presente en el proceso que tenía lugar, de larga data, pero que tuvo sus primeros vestigios con el 10 de octubre de 1868, asomaban en esas circunstancias sus particularidades, diferenciadas de los demás países colonizados por España en América, donde ya un proceso independentista que había tenido lugar platearía para el fututo la necesidad de una segunda independencia.

Afirmaba que “nosotros no podemos analizar los hechos de aquella época a la luz de los conceptos de hoy, a la luz de las ideas de hoy”, tras esa idea está el momento histórico, la época histórica, de ahí la necesaria y cabal interpretación de la historia ajustada a ese momento, no pedir de los hombres más de lo que podían dar para su época. Por ello refiere que “Martí recogió las banderas de Céspedes, de Agramonte y de los héroes que cayeron en aquella lucha de diez años, y llevó las ideas revolucionarias de Cuba en aquel período a su más alta expresión.” 

No discurrió entonces  el proceso revolucionario cubano por los caudales latinoamericanos, pero el legado es incuestionablemente importante, sobre todo los de los grandes próceres, tratar ese mismo caudal en Cuba, dice ““nuestra patria cuenta con el privilegio de poder disponer de uno de los más ricos tesoros políticos, una de las más valiosas fuentes de educación y de conocimientos políticos, en el pensamiento, en los escritos, en los libros, en los discursos y en toda la extraordinaria obra de José Martí.” Es la historia puesta en función de las nuevas generaciones, en la construcción de una sociedad mejor. Para darle un tono más práctico, de lo aportativo de la historia señala en el sentido de  universalidad:

“¿Y qué se puede parecer más a aquella lucha de ideas de entonces que la lucha de las ideas hoy?  ¿Qué se puede parecer más a aquella incesante prédica martiana por la guerra necesaria y útil como único camino para obtener la libertad, aquella tesis martiana en favor de la lucha revolucionaria armada (APLAUSOS)  que las tesis que tuvo que mantener en la última etapa del proceso el movimiento revolucionario en nuestra patria, enfrentándose también a los grupos electoralistas, a los politiqueros, a los leguleyos, que venían a proponerle al país remedios que durante 50 años no habían sido capaces de solucionar uno solo de sus males, y agitando el temor a la lucha, el temor al camino revolucionario verdadero, que era el camino de la lucha armada revolucionaria?  ¿Y qué se puede parecer más a aquella prédica incesante de Martí que la prédica de los verdaderos revolucionarios que en el ámbito de otros países de América Latina tienen también la necesidad de defender sus tesis revolucionarias frente a las tesis leguleyescas, frente a las tesis reformistas, frente a las tesis politiqueras?.”

Entonces no conocía qué estaba por venir para el proceso de construcción revolucionaria en Cuba, ni lo podía prever, pero estaba claro y dejaba como escudo para los cubanos  que:

 “es necesario que nuestro pueblo conozca su historia, es necesario que los hechos de hoy, los méritos de hoy, los triunfos de hoy, no nos hagan caer en el injusto y criminal olvido de las raíces de nuestra historia; es necesario que nuestra conciencia de hoy, nuestras ideas de hoy, nuestro desarrollo político y revolucionario de hoy —instrumentos que poseemos hoy que no podían poseer en aquellos tiempos los que iniciaron esta lucha— no nos conduzca a subestimar por un instante ni a olvidar por un instante que lo de hoy, el nivel de hoy, la conciencia de hoy, los éxitos de hoy más que éxitos de esta generación son, y debemos decirlo con toda sinceridad, éxitos de los que un día como hoy, hace 100 años,…”

Olvidar la historia, es como vivir amorfo, ciego y hasta dejar de ser lo que se es, con su habitual acento crítico exponía que, “Es posible que la ignorancia de la actual generación, o el olvido de la actual generación, o la euforia de los éxitos actuales, puedan llevar a la subestimación de lo mucho que nuestro pueblo les debe, de todo lo que nuestro pueblo les debe a estos luchadores.” 

Los procesos universales, todos con sus matices particulares no están exentos de arrastrar tendencias nocivas, perdiendo de vista, que vicios, retrasos, y lagunas pueden convivir en ellos, llegando a convertirse en grandes obstáculos que pueden llevar a la pérdida de los valores; de ello estaba consciente, incluida la sociedad cubana;

“Porque los pueblos muchas veces se acostumbran a ver cosas monstruosas sin darse cuenta de su monstruosidad, y se acostumbran a ver algunos fenómenos sociales con la misma naturalidad con que se ve aparecer la Luna por la noche o el Sol por la mañana o la lluvia o la enfermedad, y acaban por adaptarse a ver instituciones monstruosas como plagas tan naturales como las enfermedades”.

Sobre lo que había tenido lugar en el proceso revolucionario cubano en torno a las condiciones y su repetición en las historia, señalaba que “Lo mismo ocurrió durante toda la lucha de 1895 y lo mismo ocurrió hasta 1959”.  La tendencia manifiesta de corrientes sobre la anexión, autonomismo, o reformismo, se daban bajo nuevas circunstancias, en condiciones distintas a las del siglo XIX o la república neocolonial, pero estaban presentes en el enfrentamiento con el imperialismo norteamericano. La lección más importante para el momento y el futuro de la nación cubana, fruto del largo camino histórico recorrido, “Unido el pueblo revolucionario, armado de las concepciones más revolucionarias, del patriotismo más profundo —que la conciencia y el concepto internacionalista no excluye ni mucho menos el concepto del patriotismo—, patriotismo revolucionario, perfectamente conciliable con el internacionalismo revolucionario, armado con esos recursos y con esas circunstancias favorables, será invencible.”

Y pudiera escribirse hoy en cada institución, sobre todo de la educación que aquel 10 de octubre de 1868 quedó claro ante la historia y por la historia que Nuestro país sabe lo que fue ayer, lo que es hoy y lo que será mañana”. 

Referencias

Tomado del discurso de Fidel Castro Ruz en La Demajagua, 10 de octubre de 1868. Sitio digital: www.cuba.cu.